Por estos días, mis actividades se han visto paralizadas. Las líneas telefónicas en la Agencia de Viajes han sido cortadas indefinidamente y mi labor de telemercadeo se ha reducido ostensiblemente. Las mañanas y tardes las paso sentado, esperando que despejen una línea (de hecho la única línea disponible), pues entre todo el equipo de telemercadeo se la disputan por trabajar.
Me he dado cuenta que estar sentado, o dormir (que es lo que a veces hago en un rincón alejado) es lo que me llena de estrés, pues entonándolo como la canción de Willie Colón con Fonseca, “Estar quieto me hace daño”. Las mañanas sólo me anima el hecho que me quedo viendo la Copa Mundial de Fútbol de Suráfrica 2010, y me permito entender un poco más este deporte del cual me he negado.
Critico bastante la acción despreocupada de la parte administrativa de la Agencia, que no se inmuta ante la falta de presencia de clientes en las tardes y no mandan a arreglar pronto las líneas. Sentir que estoy trabajando sin generar una acción que equilibre mi esfuerzo no es agradable.
A pesar de que me puedo tranquilizar porque mi acción es la justa porque no hay herramientas, siendo sincero no me parece justo venir a perder las tardes en un espacio que a veces parece negado para mí, pero en el que irremediablemente ahora estoy arraigado. Toca esperar a ver qué pasa… pero eso sí que me paguen a tiempo lo que me deben.