(Tomado de http://cartuguer.blogspot.com/, escrito el viernes 11 de mayo de 2007)
A partir de este momento me expongo a que todo el mundo pueda ver lo que pienso, siento, todo lo que soy, y aunque sé que soy un grano de arena en medio de una inmensa playa, voy a sortear los obstáculos que se me vengan encima por publicar lo escandaloso que puede llegar a ser Cartuguer…
Mi pregunta de ¿Somos o no somos? quiere hacer referencia a un cuestionamiento nacido a partir de lo que estamos realizando y si hay una identidad justificada y verdadera. Es una pregunta que nace para indicar si es posible que la gente a mi alrededor es sincera y habla con la verdad, o si el engaño y la mentira son su arma principal para no sentir el daño que les pueden llegar a causar.
Ahora, pensar este blog se lleva a cabo a partir de una serie de reflexiones que surgen cuando se piensa acerca de las relaciones humanas en general, y en particular, llevadas por personas tan reflexivas y fantasiosas como lo que me ocurre a mi.
La relación que hago primordialmente de mi vida y centro de estas reflexiones, es la serie llevada a la televisión surgida del ingenio de Fernando Gaitán, y esa es la historia de Beatriz Pinzón Solano, la economista con especializaciones y que salió de la Universidad de Estudios Económicos con Tesis Laureada, que para surgir en su vida tiene que conformarse con iniciar su carrera como una simple secretaria, pues las oportunidades de la vida no le han permitido explorar más allá, dado a que no cuenta con experiencia.
Esas oportunidades siempre se las han negado, pues cuenta con una característica, y es que esta mujer de 26 años es fea. Pese a ello, pero con un Currículum Vitae bastante llamativo, por sus alcances y condecoraciones, Betty logra llegar a ser la asistente de Presidencia de una prestigiosa empresa de confecciones, llamada Ecomoda.
Y es que así como en la vida no se le han abierto fácilmente las puertas para surgir profesionalmente, en el ámbito del amor tampoco le ha ido muy bien… y una y otra vez el corazón le anuncia que quiere amar, pero cada vez que se le presentaba una “oportunidad”, siempre era una vaga ilusión.
Ante una tristeza de estas magnitudes, en una ocasión escribió en su diario: “De nuevo la vida me dice que el amor no es para mí, que es un sentimiento que debo enterrar. Nadie me va a dar la oportunidad de demostrar cuánto puedo amar…”
Precisamente, pensamientos, sucesos y vivencias como las acaecidas a este personaje ficticio, que ya cuenta con más de siete (en el 2010 ya son 20) versiones en el mundo, han sido una constante en mi vida, incluso desde antes que sucediera lo que sería para mí el episodio de “cambio” que también caracterizó a Betty… y eso fue cuando fui sometido a una intervención quirúrgica para corregirme un problema de miopía, en diciembre de 2004.
Mi actitud frente a la vida también tomó un vuelco total cuando murió a causa de un accidente de tránsito Diana Marcela Duque Salazar, compañera de estudio y muy amiga mía. Estudiamos en el Instituto Nuestra Señora de la Asunción y compartimos bastante. El cambio consistió en que ya no veía a nadie como un ser prescindible para la vida de nadie, e incluso ese pensamiento trascendió hacia los padres, pues después de cierta edad, uno se puede desligar de ellos sin dificultad… aunque en este sentido me contradigo, pues aún hoy vivo con ellos, y les debo mucho.
A pesar de que sabía que mi formación era fundamental para tener una estabilidad económica, mi estabilidad emocional se estaba viendo dejada a simples contacto que no contaban con las características de las posibles exigencias que realizaba para establecer una formalidad con alguien. Quizá hubo contactos logrados, que se fueron o se quedaron, pero hasta ahora, como en un lenguaje Bettylafeístico, “Aún sigo en espera de mi Armando Mendoza”.