¡Entre sollozo y risa, hay un loco que escribe a prisa!

Después de un fin de semana de noches solitarias, de elecciones desafiantes y de media semana a la dulce espera de una jefe e imponiendo el respeto en mi sitio de trabajo, no sé a ciencia cierta de nuevo que se viene para mí en mi mundo.

Respecto a las noches solitarias, lo acontecido el viernes es que al llegar a casa, me vi solitario en casa al hacer mi arribo en la noche, y esperando que mi familia llegara (pues pensé que habrían salido a alguna parte a comer, una fiesta o cualquier otra reunión social), me dieron las 2:30 a.m. esperándolos, y cuando el cansancio me venció, decidí irme a acostar. Al levantarme, los temores hicieron mella en mí, pues el silencio ensordecedor de la noche anterior también me acompañaba y los pensamientos pesimistas, que horas antes habían rondado mi cabeza, ahora se fortalecían. No me habían llamado al celular, no tenía minutos si quiera para timbrarles a papá, mamá o mis hermanas y no había negocio abierto en plenas horas de la mañana cerca a casa. Además, no desayuné como estoy acostumbrado… jejeje!

Me encaminé al trabajo, y pensé que allá les timbraría, y antes de tomar el autobús, y escuchando una canción de José Luis Perales interpretada por Marc Anthony, mis ojos no pudieron contener la ola de tristeza que percibían al notarme solo y abandonado en un mundo, el cual aún continúo tratando de entender. Lloré. Y la verdad no me dio pena que me vieran llorar, porque no soy de los que esconde sus sentimientos ni de los que se dejan llevar por frases tales como “Los hombres no lloran”. Ya la preocupación se disipó cuando llamé a papá, y tras de excusarse éste, le regañé más no le admití mi sollozante jornada.

Ese sábado trabajé y luego me fui a casa de mi amigo Rodolfo, a quien invité a que fuéramos al Grupo Aguacatal, pero este no quiso y el tiempo se nos fue en risas, conversa necesaria y reflexiva, viendo series gringas, tomando Coca – Cola y fumando puchos. Al estar en internet, me encontré con mi amigo Santiago, a quien he tenido descuidado y abandonado por diversas razones. Además, he estado enojado con él porque a veces sus recochas llegan hasta un límite que no soporto, y en vez de preocuparlo o hacerlo sentir mal, prefiero ignorarlo o decirle “hablamos lueguito”. Ese encuentro con Santiago a través del Facebook y MSN sirvió para limar asperezas y para que él se diera cuenta que no estaba de acuerdo en algunos tratos “malucos” de su parte hacia mí. Luego me encontré con mi mejor amigo Gabriel Bejarano, quien desde Medellín me reportaba sus vivencias y todo aquello que le preocupaba en el ahora. La verdad es que no me gusta saber que se aburre porque está solo, y constantemente le digo que salga, que se distraiga y que conozca gente, pero a veces él es algo retraído, quizá penoso o a veces le causa jartera… y tiende quedarse en casa, frente al computador y ya… Y su aburrimiento estaba presente, y su tristeza no faltó a la cita y mi sensibilidad unida a la suya pareciera que se hubieran puesto de acuerdo para entonar “el concierto del moco y el lagrimón”, siendo Rodolfo el espectador principal de aquella ridículo expresión (para muchos insensibles, menos para Gaby y yo).

Por otra parte, yo siempre he sido un personaje que ama la jocosidad, me encanta hacer reír y reírme, pero todo dentro del ámbito de un respeto en el que no se debe trasgredir la racionalidad y la lógica que cada uno maneja. En otras palabras, no me gusta que me traten como un idiota, que ya bastante tuve en mi atormentada adolescencia. Pues este martes, ante la espera de la nueva jefe que nos debió haber llegado, en un momento de esparcimiento, tuve que poner alto en un comportamiento que ya se notaba excesivamente confianzudo en unos sujetos que ya me estaban viendo la cara de estúpido, pero pese a que cuente esto someramente, no quiero dar mayor detalle porque sería darle demasiada trascendencia a algo que no vale la pena. La cuestión es que a veces siento que voy madurando cada día más porque no me dejo amilanar por situaciones que incluyen a personas que no hacen parte de mis sentimientos, pero frente a los que se disputan mis ventrículos, a los que amo, a quienes quiero más, ellos sí me afectan, tienen la potestad de desestabilizarme, y la sensibilidad se expande por doquier cuando ellos me hablan fuerte, cuando me faltan o cuando los siento lejanos.

P.D.: ¿Por qué no ha vuelto a verse el Nevado del Huila desde Cali (que es una de las cosas que me alegran el día)?

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